«Andalucía, la imagen cartográfica hasta fines del siglo XIX», publicado por Instituto de Estadística y Cartografía de Andalucía (IECA), es uno de libros más bellos de cartografía en español.

 Alfred Korzybski (1879 - 1950) ya dijo en 1931 aquello de «el mapa no es el territorio» refiriéndose a que las personas no interpretamos la realidad tal como es, sino a través de nuestra percepción y experiencias. Así los mapas son algo mas que una «representación gráfica de una parte de la Tierra», son también un reflejo de nuestra historia, de nuestra concepción de la religión, de nuestros conocimientos científicos, de nuestros temores, son una forma de comunicarnos.

Muy pocos son los productos gráficos que encierran una transcendencia tan estrechamente vinculada al curso de la historia (1) como los mapas. Dice Josefina Cruz Villalón en el prólogo del libro que «en su acepción retrospectiva, la cartografía es, además un testigo de excepción para contemplar cómo ha evolucionado la configuración de un territorio». Estudiar la evolución de la cartografía en una zona de la Tierra es un método único para conocer la evolución de la sociedad que lo habita.

mapa del sevillano Jerónimo de Chaves publicado en 1579 en Amberes

En «Andalucía, la imagen cartográfica hasta fines del siglo XIX» vemos esta evolución de la representación, pero también de nosotros mismos a través de los mapas que han representado a Tartessos, a la romana Bética, Al-Andalus o a la Andalucía contemporánea.

El libro es el fruto del trabajo de recopilación, desde 1987, de la cartografía histórica de Andalucía dispersa en bibliotecas y archivos de Andalucía, el resto de España y del mundo, llevado a cabo por el Instituto de Estadística y Cartografía de Andalucía (IECA). Joaquín Cortés, jefe de departamento de la Cartoteca del IECA y uno de los coordinadores del libro, define la obra como «el compendio más completo de mapas históricos de Andalucía. Los mapas están datados entre el siglo II y el año 1900», precisa Cortés, que ha coordinado la obra junto a Fernando Olmedo. El trabajo en torno al libro comenzó en 2006. «Esta obra no pretende ser un mero repertorio de imágenes, sino que todas las imágenes están explicadas para que se entiendan en el contexto en que fueron hechas», dice el coordinador. (2)

Esta contextualización de los 476 mapas generales de Andalucía, que forman el Inventario selectivo, y de los cuales se reproducen con mayor nivel detalle casi dos centenares, viene precedida de una serie de estudios sobre la historia de la cartografía y la representación de la Tierra y el papel que ha jugado Andalucía, por ejemplo con la Escuela Sevillana de cartografía o en la cartografía náutica de los siglos XVIII y XIX, acompañado de excelentes ilustraciones a color.

Detalle, mapa del reynado de Sevilla; 1748, por Francisco Llobet. IGN. Esta copia vía http://blog.lagunalajanda.org/

Si hace poco hablamos en Nosolosig de mapas sin amor, hoy es un placer hablar de un libro con una edición tan cuidada, desde la elección del papel a las ilustraciones, pasando por la maquetación o el diseño gráfico; un libro hecho con cariño y escrito profesionales que aman los mapas.

Y esto no es una cuestión menor. En «Historia de las proyecciones cartográficas» José Martín López nos explica como el libro de la exposición de 1992 «La imagen del Mundo. 500 años de Cartografía», organizada por entidades muy notables como el Instituto Geográfico Nacional, la Biblioteca Nacional, el Instituto Geográfico de Cataluña o el Servicio Geográfico del Ejército, entre otras, comprendía cinco capítulos a cargo de especialistas, muy bien hechos; sin embargo «lo grave es que los pies de sus magníficas ilustraciones, de autor anónimo, además de su monotonía en la redacción, están llenos de disparates e incongruencias, de erratas en los nombres, y lo peor de todo, manifiestan un desconocimiento total de las proyecciones, erróneamente identificadas en su mayoría...»

Para todos los que veneran la cita de R.L. Stevenson «Me han dicho que existe gente a la que no le interesan los mapas; lo encuentro difícil de creer» con la que comienza Manuel Pezzi Cereto su introducción al libro, este volumen es casi imprescindible.